| Dime
con quién andas...
No se sabe con exactitud cuándo se originaron los primeros
refranes, lo que sí se sabe es que el interés por
recopilarlos es tan antiguo como ellos mismos. De los refranes se
puede extraer el espíritu del pueblo ya que reúnen
sus pensamientos y reacciones. De los consejos que dan se puede
averiguar lo que aprueba y lo que censura. Las personas de toda
partes del mundo usan los proverbios y refranes para transmitir
su sabiduría, sus conocimientos, sus experiencias y sus sentimientos.
Muchos proverbios y refranes que se originaron hace miles de años,
son válidos aún.
Alexandra Svanteson estudiante de filología hispánica
en la Universidad de Salamanca, quien realiza una tesina sobre los
refranes castellanos y su uso, dentro de su investigación
concluye que “las mujeres conocen mejor los refranes que los
hombres... Esta diferencia puede tener su origen en la tradición,
por la cual la transmisión de la sabiduría popular
ha sido una tarea de las mujeres, ya que eran ellas, y todavía
son mayoritariamente ellas, las que estaban en casa educando a los
niños, muchas veces aconsejándolos y haciéndoles
reproche mediante refranes” (1).
A continuación transcribimos unas cuantas expresiones, algunas
muy venezolanas, tomadas del “Diccionario de Refranes”
de Héctor Atilio Pujol (2001), publicado por los libros de
El Nacional.
Bajarse de la mula
Mula es la hembra del mulo. Pero en Venezuela tiene tres significados
criollos: botella de aguardiente aplanada que es fácil de
llevar en el bolsillo; persona que los traficantes de drogas utilizan
para el traslado de estupefacientes; y el híbrido equino
del cual debe descenderse alguien que quiera un favor. Bajarse de
la mula es sobornar. Cuando a alguien se le quiere bajar de la mula,
a la hora de plantear un negocio, se le suele preguntar: “¿y
cuánto hay pa’ eso?. También suele usarse es
sentido sano: Tío, bájate de la mula y danos para
ir al cine.
Chiquitico pero cumplidor
Regularmente se asocia a la capacidad y el cumplimiento a la estatura
o contextura física. De ahí que cuando alguien de
pequeñas proporciones ha realizado una gran faena, se le
suele decir Míralo, chiquitico pero cumplidor. Y es probable
que cuando una mujer de alta estatura se casa con un hombre más
bajo, ante expresiones imprudentemente inquisidoras, se vea en la
necesidad de aclarar: “Me resultó chiquito, pero cumplidor”.
Echar un carro
Es engañar a alguien en relación con algo prometido.
En los lugares donde se ejerce la profesión más vieja
del mundo, el uso de esta expresión es común para
referirse al hombre que luego de las relaciones no quiso pagarle
a la mujer. A ese sinvergüenza hay que cobrarle por adelantado.
El otro día me echó un tronco ‘e carro.
Echarse las bolas al hombro
Es asumir actitudes de indiferencia o irresponsabilidad que impiden
realizar una tarea o cumplir un deber. Tu trabajo está muy
atrasado. Da la impresión de que te las estás echando
al hombro. Hay quienes interpretan este refrán como vulgar,
porque la palabra bola se identifica con la palabra testículo.
Pero un estudioso de la lengua como Alexis Márquez Rodríguez
sostiene que la expresión deriva del uso de grillos o grilletes
con los presos durante la dictadura de Gómez. Eran grandes
bolas de hierro muy pesadas, con cadena larga y candado que se ceñían
a los tobillos de los presos, para que realizaran los trabajos forzados
a los que se sometían, evitando el riesgo que se fugaran.
En algunos momentos, para aliviarse, se echaba las bolas al hombro.
Al preso que acostumbraba a hacerlo así, lo calificaban de
flojo, porque en vez de ir arrastrando las bolas con el pie, se
las echaba al hombro.
Meando fuera del perol
El proverbio original es español y utiliza la palabra tiesto
en lugar de perol, que es un venezolanismo. En general, alude a
alguien que está errado, equivocado. Lo que afirmaste nada
tenía que ver con lo que se estaba discutiendo. Tú
siempre andas meando fuera del perol.
Al pelo
La expresión es muy usual en institutos docentes para indicar
que el alumno se echó un caletrazo y en el examen lo vació
al pelo. Es decir, se lo aprendió completamente de memoria
y así lo transcribió. También se utilizan frecuentemente
las expresiones “apuñalearse” o “meterse
un puñal”. El regalo que me hizo mi papá me
vino al pelo, para comprarme mi moto. – Para el examen de
mañana voy apuñaleado. La lección la llevo
al pelo.
A la tercera va la vencida
Cuenta la historia romana que la intentona inicial de un ejército
se realizaba con soldados novatos; la segunda, con soldados de mayor
formación y experiencia; y la tercera, con los más
veteranos, por lo cual en esta última el riesgo de perder
era menor. En latín hay una frase que podría ser expresión
de ese relato: ad triarios ventum est, es decir: “con
los terceros el triunfo es seguro”. En Venezuela, cuando el
equipo de béisbol los Leones del Caracas pierde dos juegos
ante el Magallanes, sus fanáticos aseguran que a la tercera
va la vencida. Y si pierde el tercero y el cuarto, luego dirán
que no hay quinto malo.
Como éramos tan poquitos, parió
la abuela
Este proverbio se usa para indicar que mientras se padece un acontecimiento
desafortunado y se está en busca de solución, se presenta
otro que empeora las cosas.
Donde ronca tigre no hay burro con
reumatismo
No hay burro que caiga en las garras de un tigre y que logre salir
con vida sin ayuda. De ahí que, por simple instinto de conservación,
sus dolencias motoras desaparecerían como por arte de magia
ante el ronquido de uno de estos felinos. Pero no sólo es
aplicable a los burros, sino también a otras muchas especies
animales y hasta a los seres humanos.
En grado treinta y tres
En secreto. Te lo voy a contar, pero en grado treinta y tres.
El origen de este adagio se le atribuye a la masonería, que
es orden secreta y cuyo grado máximo es el treinta y tres.
Estar mascando el agua
Se refiere a personas de muy avanzada edad. Decir “Esa señora
está mascando el agua” es decir que está muy
vieja y sin dientes.
Llegó Pacheco
Graciela Schäel afirma que, desde finales del siglo pasado,
esta expresión es sinónimo de que llegó el
frío, especialmente en Caracas. Durante los meses de noviembre,
diciembre y enero; el clima de la capital cambia bruscamente, por
lo cual cada quien suele echar mano de su suéter. Se cuenta
que, como en enero es cuando más abunda la cosecha de flores
en Galipán (la cumbre más alta de Caracas), un cultivador
de flores de esas cumbres, de apellido Pacheco, bajaba a Caracas
con su preciosa carga, que muchos caraqueños iban a comprar
a las faldas del sultán enamorado, según la sentimental
e inspirada pieza poética de José Antonio Pérez
Bonalde, Vuelta a la patria. La tradición y la costumbre
hicieron que el pueblo de Caracas identificara el frío decembrino
con el nombre de nuestro personaje. Aquiles Nazoa (Humor y amor,
p 431) rememora así el hecho referido: “Todo el
mundo exclamaba en ese entonces / con júbilo infantil: ¡Llegó
Pacheco! / mientras tu por el Ávila llegabas / con tu bufanda
vegetal al cuello, / y una flota pascual de golondrinas / volando
de tu lírico sombrero.”
¡Naranjas chinas, limón
francés!
Con esta expresión se rechaza o se niega la afirmación
de alguien en la cual no se cree. ¿Que Amadeo se casará
con Isolina? ¡Naranjas chinas! En ocasiones se completa
la frase agregando ¡Limón francés!
(1) Fuente: El conocimiento y el uso de refranes
y otras expresiones fijas http://193.10.182.145/.WK/.SS/Kur/C1/.Tesinas/Svanteson/C1.Svanteson.Alexandra.html
(consultado el 17 de noviembre de 2003)
Universalia nº 20 Sep-Dic
2003
|