La justicia constituye uno de los más grandes anhelos del
hombre a través de los tiempos. Desde épocas inmemorables,
el hombre se ha empeñado en perseguir la justicia con la
misma fragilidad de quien persigue la felicidad: sin poder definirla
a cabalidad, pasa su vida buscándola y el tratar de imponerla
puede hacer menguar lo más íntimo de su esencia.
Como decía, muy a pesar de nuestra constante búsqueda,
no existe un concepto universal de justicia, ya que éste
puede variar de un individuo a otro e incluso de una sociedad a
otra. Sin embargo, parece acertado considerar a la justicia como
una “virtud que nos hace dar a cada cual según
le corresponde” (1), sobre la base del respeto a la dignidad
humana y como una forma de ejercer la autoridad y de garantizar
la búsqueda del bien común.
Don Quijote de la Mancha, el más peculiar de los caballeros
andantes, es la personificación de esta idea de justicia.
Como hidalgo, insistirá en el cultivo de la virtud más
que en la acumulación de bienes materiales, siendo la justicia
una de sus más grandes obsesiones. Desde el momento en que
sale de la biblioteca estará impulsado a traer al mundo esa
justicia que tanto reclama, haciéndolo siempre al más
puro estilo de los libros de caballería: “amparar
humildes, abatir soberbios, enderezar entuertos, deshacer agravios,
y en suma reparar justicias.” (2)
La justicia, en términos quijotescos, es diferente a la que
puede contemplar el derecho legalmente establecido en un código
o en una ley. El Quijote entiende la justicia como parte de la esencia
del ser humano, algo propio de cada individuo, y no como una simple
regla de vida social.
Para el siglo XVII la ley contemplaba castigos que podían
incluir azotes, maltratos, cárcel y años remando en
galeras, muchos de los cuales atentaban en su aplicación
contra el derecho al respeto y a la dignidad humana. Por esto, encontramos
episodios como el de los galeotes donde la justicia quijotesca parece
chocar con la justicia legal e incluso interponerse a su aplicación,
en virtud de que la primera otorga mayor importancia a la dignidad
humana que la segunda.
Los galeotes son delincuentes que van a las galeras a pagar condena
por sus culpas y, a pesar de ser criminales juzgados, condenados
y en algunas ocasiones confesos, para Don Quijote estos merecen
la libertad inmediata. Para él, el saber que van a la pena
de mala gana y no de voluntad es razón suficiente para querer
liberarlos. “En resolución –replicó
don Quijote-, como quiera que ello sea, esta gente, aunque los llevan,
van de por fuerza y no por su voluntad” (3).
En los galeotes no hay voluntad de ir a galeras a pagar por sus
delitos. No existe el valor de enmendar ante la sociedad el mal
que con el delito se le ha hecho; no hay redención ni aprendizaje,
sólo obligación e imposición de la fuerza.
Para el Quijote un valor implantado a la fuerza carece de sentido.
El acto de obligar a los galeotes a pagar condena no genera un valor
en sí mismo ni les hace crecer en la virtud, por lo que termina
siendo vacío y sin razón.
El atropello y la humillación forman parte del castigo. Los
galeotes son llevados con esposas en pies y manos, ensartados de
una gran cadena y uno que otro atado hasta el cuello, después
de haber recibido el número de azotes correspondientes. El
ensañamiento y la esclavitud son insoportables para el héroe
manchego; no habrá para él delito tan terrible que
merezca penas tan grandes. Entonces, sentimos que es Cervantes quien
habla a través del Quijote, que nos expresa sus anhelos de
libertad, el valor que ésta adquiere una vez que se le ha
perdido, o los retazos de lo que es tal vez un mal recuerdo de sus
años de cautivo en Argel.
No debería existir castigo sin que existiera necesariamente
un perdón y la intención de redimir a aquel que ha
cometido delito haciéndolo crecer en la justicia entendida
como un valor. “los pecadores mejor se ganan para Dios
con dulzura que con crueles represiones” (4), cuando
el castigo no va seguido de perdón no es total corrección
del mal comportamiento y se convierte más bien en ensañamiento
y frustración.
Igualmente, el Quijote nos enseña la superioridad de la justicia
divina respecto a la humana: "Allá se lo haya cada
uno con su pecado; Dios hay en el cielo que no se descuida de castigar
al malo, ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados
sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello”
(5). Un poco en la idea de que a los hombres no les compete del
todo el hacer justicia y que no es correcto que un hombre sea verdugo
de otro hombre.
Entonces, ¿cómo se entiende que el Quijote desee implantar
justicia si al hombre no le compete hacerlo? Creo que habría
mucho que aclarar en esta línea de pensamiento. La justicia
quijotesca no se basa en jueces o verdugos tal como los conocemos,
sino en lucha y valor. Don Quijote es capaz de emitir juicio, en
determinada circunstancia incluso de emitir sentencia, pero dista
del desenvolvimiento de un juez en virtud de la forma como se involucra
a sí mismo. Seguirá la definición de héroe
que nos ha enseñado Savater: actuará en lo irreconciliable,
aún a sabiendas de que es irreconciliable, con la única
intención de sacar de ello un valor. No se trata de emitir
un juicio a distancia, ni de verificar de lejos el cumplimiento
de una condena, sino de tomar su lanza en pie de lucha y sacrificar
su integridad física, si fuera necesario, para conseguir
el valor que persigue, la justicia en este caso.
Paradójicamente, los galeotes agradecerán su libertad
apedreando a Don Quijote hasta dar con él en el suelo; incluso
el mozo Andrés volverá unos capítulos más
adelante a expresar su descontento por el favor recibido. Pero estos
hechos tienden a importarnos poco y sentimos una especie de satisfacción
que no se ve empañada por el agravio de los beneficiarios
desagradecidos o por las quejas del mozo Andrés. El acto
de obrar con justicia tiene valor en sí mismo y no en sus
resultados. “Yo topé un rosario y sarta de gente
mohína y desdichada, y hice con ellos lo que mi religión
me pide, y lo demás allí se avenga.”(6).
El actuar por la fama o por el agradecimiento hubiera menguado el
valor del hecho en sí y de la búsqueda desinteresada
del bien.
Por todas estas razones, la base del episodio de los galeotes es
la contradicción entre la justicia legal humana y la justicia
que fomenta Don Quijote.
La justicia legal es un intento del hombre por ordenar la conducta
en sociedad en búsqueda del bien común, de normar
una forma de vida para conservar las relaciones de convivencia.
El problema es que, al igual que el concepto de justicia, la idea
de bien común se convierte en un término poco definido
y hasta adaptable. Es posible entender la diferencia entre el bien
de todos y el bien de algunos, pero las traducciones del camino
para conseguir dicho bien pueden ser múltiples e incluso
pueden estar viciadas por las tentaciones del hombre a dejarse llevar
por su deseo de poseer y sus ansias de dominar.
Don Quijote impone una justicia diferente que presta importancia
tanto a la meta como a los fines para alcanzarla. No es sólo
la implantación del bien común, sino también
la atención constante al ser, a la dignidad a la virtud y
al respeto. Por ello, si la voluntad de la ley por imponer orden
no va acompañada de estos principios, no será advertida
y mucho menos acatada por el héroe manchego.
El hidalgo opta por el ser, al punto de tratar de aplacar el querer
poseer y el querer dominar. Con esto me refiero a la capacidad de
elegir: de entregarse a sí mismo, de arriesgar la vida si
es necesario en la búsqueda de un ideal y en el cultivo de
la virtud. Así, la justicia quijotesca, la de corte transcendente,
se construye a la sombra de una ofrenda de vida.
El sentido del inmediatismo nos hace concebir leyes más preocupadas
por garantizar la eficiencia de su aplicación que de procurar
un crecimiento del ser. Vivimos educados en la sospecha, en virtud
de que nadie confía en la palabra del otro y la redención
no forma parte del castigo. En ocasiones, el criminal es considerado
como tal una vez que el delito ha revelado su verdadera esencia.
Negamos al acusado toda posibilidad de arrepentimiento y enmienda
al creer que siempre ha sido criminal, aunque es sólo hasta
que comete delito que realmente lo sabemos.
En esta línea de pensamiento, ¿cómo combinar
las aspiraciones de la sociedad de hacer justicia con este sentido
de justicia trascendental que nos propone el Quijote?
La virtud de la justicia que crece en sociedad debe hacer lo posible
para garantizar que cada uno de sus miembros reciba lo que corresponde
siempre en respeto de su dignidad humana. El derecho debe ser fruto
del espíritu y la justicia una dimensión del alma.
Debe existir en cada ser humano una ley moral, intrínseca
y propia de cada uno, para hacerle obrar correctamente por necesidad
y conocimiento de la importancia de vivir en la virtud, en lugar
del temor al castigo.
Para convertirnos en quijotes deseosos de justicia debemos perseguirla
como una realidad espiritual que puede ser exteriorizada en la convivencia
del hombre en sociedad.
(1) Diccionario Larousse.
(2) ALCALÁ ZAMORA, Niceto: El pensamiento de El Quijote
visto por un Abogado; Buenos Aires, Editorial Guillermo Kraft
LTDA, 1947, Pág.106
(3) CERVANTES, Miguel de: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha; parte I, cap. XXII.
(4) DE ASIS, San Francisco: Las Florecillas; Pág. 125.
(5) CERVANTES, Miguel de: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha; parte I, cap. XXII.
(6) CERVANTES, Miguel de: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de
la Mancha; parte I, cap. XXX.
Sven: colocar una Nota al final que diga: La Bibliografía
de este artículo se encuentra en www.universalia.usb.ve
OJO ROBERTO: ESTA Bibliografía solamente va en la Universalia
digital
Bibliografía
ALCALÁ ZAMORA, Niceto: El Pensamiento de
Don Quijote Visto por un Abogado”;Buenos Aires, Editorial
Guillermo Kraft L.T.D.A, 1947.
ASIS, San Francisco de: Las Florecillas; Madrid, Editorial Católica
S.A
BASAVE FERNÁNDEZ, Agustín: Filosofía del
Quijote; México, Editorial Epasa Calpe Mexicana, 19éxico,
Editorial Epasa Calpe Mexicana, 1959.
BOFF, Leonardo: La Oración de San Francisco; Editorial
Sal Térrea.
CASTRO DASSEN, Horacio: El Derecho en Don Quijote; Buenos Aires,
Editorial Arayú, 1953.
CERVANTES, Miguel de: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha;
Madrid, Editorial EDITORS, 1998.
COVEY, Stephen: Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva;
Barcelona, Editorial Piados, 1997.
GARCÍA VALDECASAS, Alfonso: El Hidalgo y el Honor; Madrid,
1958.
MOLINA, Jaime: Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica;
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OSORIO, Manuel: Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas
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PORRAS RENGEL, Juan: Metafísica del Conocimiento y de la
Acción; Caracas, Editorial Fondo de Cultura Económica,
1976.
SAVATER, Fernando: La Tarea del Héroe (Elementos para una
Ética Trágica); Editorial Taurus.
SCHELER, Max: El Santo, El Genio, el Héroe; Buenos Aires,
Editorial Nova, 1961.
UNAMUNO, Miguel de: Vida de Don Quijote y Sancho; Buenos Aires,
Editorial Epasa Calpe Argentina, 1941.
De la red:
http://www.interbook.net/empresas/lua911/html/TeoriasEticas/EticaPlaton/preplato.html
http://www.encuentra.com/includes/documento.php?IdDoc=1953&IdSec=393
http://www.neoliberalismo.com/justicia_social.htm
Imagen tomada de http://www.aache.com/quijote/
(*)Egresada USB
Universalia nº 23 Sep-Dic
2005
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