| Ganador
del concurso de cuento – 3er lugar
Caracas
Ángel Lezama
En Caracas no se vive, ¡pero como se jode!
Expresión popular
Voy regresando madre, como el que no quiere la cosa, regresandito
no más ¿me extrañaste madre mía? No
aguanto esta cola, no sé por dónde sale tanto vendedor,
el calor y la reverberación sobre el asfalto inciden directamente
sobre el cuello de mi camisa, el ronquido penetrante de las bocinas
por todas partes me devuelven a la Baralt, el motorizado en movimientos
cortos, precisos, toreando, envistiendo la avenida con su zigzagueo,
pasa raudo y feliz alejándose del embotellamiento, las ondulaciones
sobre el capó ¡mi gente llévese su chupi!¡Refrésquese
mi gente, aquí les traigo los fríos y deliciosos chupis!
¿Se acuerda madre? Yo sí me acuerdo, yo la veo a usted
con su coleto y su Lavansan, con la plancha y metiendo ropa en la
lavadora, con esos ademanes vigorosos de los treinta y pico de años,
con sus faldas con fondo, sus chancletas de lona, con esos ojos
aguarapaos, ojos almendrados y diáfanos, lástima que
no me los heredó madre, hubiese sido un atraco; tendiendo
pañales de tela en el fondo del patio, alisándole
el cabello a cada uno de nosotros, con el cariño saltando
juguetón sobre el iris, sobre la retina, yo creo que sí,
que sí se acuerda, ¡por allá se fue!¡Cójanlo!
El sudor se me pega a la camisa, el canto destemplado del bebé
de la señora de al lado me está taladrando el aplomo
y por más que lo jamaqueen y le hagan pucheros el carajito
no deja el berrinche ¡métale la teta, coño!
Santo remedio, ya no llora, al menos tiene ocupada la boca con algo,
tranquila, señora, yo lo recojo, aquí está
su pañal, en estos buses de Caricuao se ven unas vainas,
mijo los años no pasan en balde, mire a su papá, ¿quien
imaginaria que su padre enfermaría como se enfermó?
Esas son las cosas de la vida mijo, su papá lo soñaba
así como está de buen mozo en esa foto, qué
tristeza ¿verdad? De broma sabe quien es usted, no le diga
nada de donde salió la toga y el birrete, no le hable de
real, sí, sí, ya sé, te lo he dicho un montón
de veces, pero es la costumbre mijo, de tanto repetir las cosas,
como que se le pegan a uno de la lengua ¿sabías?...
¿Cómo dices?... ¿Qué eso está
en el cerebro? Ay mijo no se me ponga científico en estos
momentos, mire que su madre es una vieja cansada y necesita de la
rutina para sentirse cómoda, y para sentirse uno cómoda
tiene que hablar como uno se lo imagina, no como es en realidad,
¡cójanlo que se escapa! El humo, el calor, el traqueteo
de engranajes, un bufido, varios lamentos de aceite y metal, varios
bufidos, un coro de repiques violentos ¡baratos los chupis!
Esa luz sin duda tiene tiricia... no, más bien está
furiosa, no sé muy bien si es con la verde o con la amarilla,
pero sin lugar a dudas su enojo va pa´ largo, voy al pueblo
madre después de tanto tiempo, me imagino lo crecido que
estará con ese fragor de máquinas y polvo a causa
de la veta descubierta hace poco en El Caruto, mire no más
las vueltas que da la vida, decían que ique ese cerro sólo
estaba lleno de brujería y mire usted, las casitas de las
divinidades silvestres se las llevó el NH4NO3 no sé
qué, de un solo guamazo, ahora es el reino exclusivo de los
CATERPILLAR y los KOMATSU, con sus ruedas y fauces portentosas,
con locomotoras y vagones esperando en el muelle los trozos de menuda
piedra rojiza para llevarlas hasta el río y sacarlas lejos
de estos mundos de Dios, esperando en el muelle, a mi viejo, sus
herramientas y su cuadrilla, con sus manuales, el del motor de 16
cilindros en V y 1750 Hp de la 1025, GM, ¿Qué es eso
papá de GM? General Motors hijo, la marca del motor, mírala
chiquito aquí, éste es el generador principal, produce
700 voltios y mira las poleas que le conectan al generador alterno
de 75 voltios, la vieja como él, quizá cuando me jubile
la jubilen también... que va, a esa no se le cae el pelo
como a ti, mi estimado y nunca bien ponderado amigo Lusinchi, las
había también de 8 cilindros en línea, ella
por dentro es de acero, su corazón pesa una tonelada, qué
vas a saber mi ilustrísimo amigo moco ´e pavo lo que
pesa, si nunca te has acercado siquiera un palmo a esa máquina,
ni te has rociado las manos con kerosén para limpiarte una
sola gota de grasa de ella... la marca de esas eran BLH hijo, Bowlin
Lima Hamilton, como la 1010, 1600 Hp, no tengo esos manuales chiquito,
por eso no te los muestro. El Caruto, supuestamente allí
vivía una de las hijas de la danta de María Lionza,
que ique la vieja Simona vio una tarde en trance de tabaco, mijo,
será cuando se le pegaron las calenturas esas que le dieron
allá en el cerro, cuando estaba delirando con que se le metían
animalitos por los poros que estaban pudriéndola por dentro,
que se los sacaran, supuestamente decía; y viendo elefantes
planeándole encima de la cabeza caminito de la clínica,
de ahí en adelante la historia la conoces, pero no es lo
mismo oírla que verla, tú estabas lejos por allá,
en “ciudad caótica” como la llamas... me falta
poco para pisar la bomba del español Facundo Urrutia, me
imagino que aún será la parada del pueblo, por lo
menos el chofer no ha puesto a sonar un vallenato chicloso de esos
que siempre ponían en el camino... bien, el ska me gusta,
ska de acá como dicen, se escucha calidad ¡va cruzando
la Miranda! Y de lejos mijo las cosas parecen distintas a lo que
son…
Y en La Hoyada, yo pasé ahorita por ahí, y en
La Hoyada estaba un tiroteo armao...
… es como la noche ¿sabías? De noche las luces
asoman solo la puntica de todo, lo demás se lo traga las
tinieblas, pero la luz, madre, la luz me quema la cara, el humo
se levanta disparejo, parece una fogata, pero no hay niños
contentos poniendo piedras para aislar la candela no, no es una
fogata de campamento, se oyen gritos, y el golpeteo frenético
en la sien, creo que alguien le llamaba miedo, el niño chupando
teta no llora pero el calor pica, quiero rascarme, acomodarme el
paquete y quitarme el escozor pero, ¿y si me ve cuando lo
hago? Está demasiado rica, si me rasco no tiene nada de malo,
pero me va a ver ¡maldita sea, me vio! Olores de combustión
interna, el traqueteo, no sé cuando llegue a Bellas Artes,
las volutas de humo se levantan ingrávidas, la gente corre,
la gente busca escapar, pero no todos se alejan de las detonaciones,
hay algunos llevando baldes de gasolina, ¡llévese el
agua mi gente, a quinientos el agua!...
“Se levantan fortalezas-se prenden velas”…
¿Verdad hermano que era el 018? No, el 054, acuérdate
que fue en el que nos montamos primero en la UD4, la gente muy tranquila
en sus asientos, sin mayores preocupaciones que llegar, sí,
sí, es verdad, qué voy a saber yo de las preocupaciones
de los demás, voy llegando madre, el bus de Expresos La sexta
estrella va tan raudo como se lo permiten sus múltiples averías,
en esto no ha cambiado mucho la cosa que digamos, hace treinta kilómetros
se le reventó la segunda llanta, todo normal, esas cosas
me alegran porque al fin voy andando sobre esta carretera, aún
no he pensado cómo haré para mantenerme mientras me
contrata la empresa, después me montaré indefectiblemente
a tragar polvo en el cerro, con botas, casco y demás, vaya,
esto es raro, se va metiendo como el que no quiere la cosa por la
esquina de Santa Teresa, el bus expectora rabiosamente con fragor
de monóxido de carbono y grasa, embragues que calzan, la
palanca que se atora, el bus sale corcoveando, avanza, la gente
suda, frena, la gente hacia adelante, arranca, la gente hacia atrás,
vamos a pasar por el frente del Palacio de Justicia, ya estamos
cerca del Terminal de Nuevo Circo, la estación de Bellas
Artes no queda muy lejos, ya vamos llegando ¡refresco, el
agua, el refresco, refresco, el agua! ¿Estás seguro?
Yo no me acuerdo, pero creo que era el 018 ¡sal de aquí
maldito chofer! ¡Vamos, vamos, fuera de aquí, mueve
ese culo nojoda! ¡Espérate ya va, yo solo estaba cubriendo
mi ruta, no me metas en tu peo!...
“Allá afuera los revólveres no respetan”...
... el sujeto corre mientras muchos hacen su cola para entrar a
la ONIDEX, quizá no lo ven porque hay una tranca terrible
en la autopista; harapiento y sucio, arrastrao, asustao, corre,
no le dan las piernas, va cruzando la plaza, no llegó muy
lejos, tropieza y cae pesadamente, no pasaron ni cinco segundos
cuando las patadas sonaban secas en las costillas, no eran uniformados,
ya llegó la PM, ahora son ellos los que patean, no pasaron
por alto el rostro, los golpes, una y otra vez impactan, secos,
con rabia, ¡sucio de mierda! Lo que está en el suelo
no se mueve, ya no se defiende, es un saco inerte, ahora lo levantan,
sangrante y magullado lo llevan a la perrera, una mujer le grita
obscenidades de alto calibre mientras es contenida por un joven,
dos policías lo tienen agarrado y uno de ellos le jala de
los cabellos, lo tiran dentro dándole empellones, el portazo...
el prócer, con su broncínea mirada inmutable, no ve
la escena, los curiosos alrededor de la plaza si se quedan viendo,
los que están en los autos se quedan viendo también,
todos viendo, todos mudos, solo viendo madre la carretera, llena
de baches, con los sembríos de chaparros por doquier, puro
monte, morichal y sol y más allá, El Caruto, me acuerdo
que era verdecito como un perico, ahora es todo marrón, con
tajos sacados como si hubiesen sido arrancados con cuchillo y tenedor,
con pequeñísimos fantasmas amarillentos pululando
por doquier, desde esta distancia parecen gusanitos remontando una
cuesta, ¡vaya, una detonación del otro lado del cerro!
Cómo se levanta el polvo Dios, el eco resuena hasta bastante
lejos todavía ¡otra detonación! Creo que son
cohetes, como que están trancando la Bolívar...
“Plomo revienta y nadie se alarma más de la cuenta”...
...el chofer nos dice que nos bajemos aquí, que él
no va a seguir cubriendo la ruta porque la cosa está medio
peligrosa y lo que es él, se va pal co... sí, mejor
nos bajamos y buscamos el Metro, esto no me está gustando
nada, hay mucha gente en plan de camorra, exaltados, sí,
mejor no vamos, aquí se va a formar el gran peo, subamos
a La Hoyada que es la que está más cerca y nos perdemos
de todo esto ¡vamos, rápido!
La caminata fue atropellada y azarosa, a medida que iban subiendo
se escuchaban cada vez más nítidas, detonaciones de
fuegos de artificio, enseguida se arrepintieron de la decisión
tomada, la estación del Metro de La Hoyada estaba cerrada
y la visión de la avenida Universidad era irreal: lo que
ayer era un atiborrado bazar de puestos vendiendo todo tipo de mercancía,
se había convertido en una acera sembrada de toldos quemados
y gases lacrimógenos, un piélago calcinado, ondulante
y caldeado, donde por generación espontánea nacían
cabillas retorcidas, plástico quemado, cartones chamuscados
y gente corriendo; la gente huía despavorida, allá
lejos, las detonaciones eran repetitivas, constantes, cohete y plomo
se juntaban en un coro peligroso, alguien dijo que Korda Modas fue
saqueada, alguien dijo también que la Poli-Caracas estaba
decomisándole a los buhoneros los fuegos pirotécnicos,
algunas motos con dos personas montadas pasan veloces con algo en
las manos ¡Dios, pistolas! ¡Salgamos volando de aquí!
Pero no todos corren, algunos no pueden, se ven cargando grandes
fardos a cuestas, algunos están salvando la mercancía
que no llegaron a quemar, otros están quietos en las aceras,
impávidos sin mayores preocupaciones, algunos comían
manzanas tranquilos, los demás como hormigas cuando viene
lluvia, se mezclaban en distintas direcciones en una estampida feroz
¡camina hermano, camina rápido!...
“Cada quién cuenta su cuento
de atropello, cada cual saque a pasear su propio miedo”...
...¿te acuerdas que fue cuando íbamos
bajando por la torre Banesco cuando nos encontramos con el 018 y
ayudamos a subir a la señora con el niño? El chofer
quería meterse por debajo del Palacio de Justicia y los buhoneros
no lo dejaron, luego supuestamente tenía un amigo periodista
por allí cerca que iba a hablar con ellos para que nos cedieran
el paso pero nada, esos tipos estaban en un plan de camorreo y no
lo dejaron cruzar, ni modo, para atrás, se estacionó,
ni tan lejos ni tan cerca, a ver si menguaba la protesta, pero esa
gente sacándole gasolina a los carros no tenía intenciones
de parar, yo tenía un libro en la mano, no me acuerdo de
quién era, lo estaba leyendo para matar el tiempo, ni tú
ni yo estábamos viendo la Bolívar ni a los busca-peo
que la tenían trancada, cuando en algún momento las
personas dentro de la unidad empezaron a caminar rápidamente
hacia la puerta de atrás, yo me asusté también
al levantar la mirada y ver por la ventana a toda esa gente corriendo,
el humo y el miedo untado en las caras, ¡vente rápido!
te dije ¡ABRE ESA PUERTA CHOFEEEER!... y salimos, jóvenes
y elásticos corrimos, yo no vi hacia atrás, el plomo
era lo único importante de esquivar, yo no la vi, me dijiste
en el apartamento que tú si la viste cuando cayó y
se la llevaron por el medio, cuando la cabeza le sonó como
un coco partido, no, hermano, no puedo imaginarme al niño
caído llorando por su teta...
“Allá afuera los revólveres no respetan”...
...ganamos el Palacio de Justicia y nos encaminamos derechito calle
abajo, luego cruzamos a mano derecha, con la única intención
de llegar de algún modo a la Baralt y regresar, para verla
madre, y ver la casa, no está ninguno de mis hermanos me
dijo, hace mucho que no vienen a darle una vuelta, yo sí
voy, también para ver al viejo, aunque me reconozca a medias
y pregunte por cómo llegué y se preocupe por los reales
para mi vuelta a Caracas y me diga ¡Ay hijo, ay hijo, no tengo
plata!, No, no viene, se quedó porque todavía le faltan
unas cosas por hacer allá, pero me dijo que vendría
pronto a visitarla, en cualquier ratico la llama, sí sí,
ya sé que no tengo que hablar de real ya me lo ha dicho,
pero no fue por eso que no atendieron a Simona mijo, fue que al
único médico que no estaba de vacaciones ella misma
le hizo un trabajo para dañarlo y el día que se le
pegaron las fiebres ese mismo día en la mañana se
había muerto él, y las dos ambulancias, extraña
coincidencia, no quisieron prender para llevarla corriendo a Ciudad
Bolívar, las enfermeras estaban vueltas locas porque se estaba
pudriendo viva, y en el rato que tuvieron esperando la otra ambulancia,
de lo amarilla que estaba, se fue amoratando poco a poco, hasta
quedar como una berenjena; Algunos curiosos contaron después,
según me dijo la propia comadre, que las enfermeras le sacaban
con cuidadito los gusanos que le brotaban por debajo de las uñas
y arañitas transparente que le salían por las comisuras
de los labios; en eso estuvieron mijo, sacándole gusanos
y esperando la ambulancia hasta que se murió, ardiendo como
una pira, lo amarillo de la candela por todas partes estacionado
donde lo dejó el chofer, del otro lado también quemaron
al 054, lo vimos por la televisión, esos dos autobuses estaban
condenados, madre, y las maldiciones de Simona la alcanzaron mijo
tú hubieras visto aquello, todo el mundo en el pueblo se
enteró en un tris, y cuando le hicieron el velorio por orden
expresa de la hija mayor en el cerro La Frontera y tú sabes
que a ese cerro sólo se llega bien caminando por la carretera
de granza, tú veías a ese montón de gente yendo,
rápidamente a la Baralt y perderse de todo ese bochinche
turbio y regresar a Caricuao, regresar y empezar otra vez madre,
quiero mostrarle las fotos de la graduación, no quiero ir
ya para Caracas, el bus de Expresos sexta estrella va llegando al
cruce y eso me alegra en el alma, tengo que contarle tantas cosas,
vieja, las cosas que uno ve, las que vive... de frente, al lado
derecho de la carretera está La Frontera, me dijo que velaron
a Simona en la pata del cerro, a urna cerrada y sin mucho protocolo...
pobre Simona, me acuerdo clarito de sus manchas de carare en la
cara y el hombro, sus batas guajiras y su pelo cerdoso, en cuántas
pesadillas no atormentó mi niñez su figura enorme
y gorda, sus tabacos echando candela por la boca, para mí
era como si estuviera viendo al mismísimo bicho... de brujería
vivió y de eso mismo murió, sus huesos ya los habrán
dejado mondos los demonios que alimentó por tanto tiempo,
a los que ponía baldes de agua en el frente, a los que brindaba
a su salud en el otro mundo, con Palo fino y Caballito frenao, en
esas danzas nocturnas míticas hasta la madrugada, no creo
que a la hija de la danta de María Lionza le gusten los huesos
podridos mijo, aún recuerdo cuando la mujer sudando y corriendo
lo mejor que podía dijo: yo no sé por qué se
mete la policía con los buhoneros en diciembre, esa gente
también come vale, déjenlos en paz, con razón
se arrechan...
“Valle de balas vivo en un valle de
balas
valle de balas mi ciudad esta brava
valle de balas vivo en un valle de balas
valle de balas mi ciudad esta brava”....
Voy regresando madre, como el que no quiere la cosa, voy regresando
a la UD4, el indio Caricuao me saluda con su brazo derecho levantado,
sus serpientes enroscadas en él y su rodilla clavada en la
cima del pedestal, mientras el sol fragmenta su luz sobre la ventana
del vagón desde donde lo miro, tuvimos que quedarnos en Antímano
porque lo primero que se nos cruzó por el frente fue un bus
que llegaba hasta allí, después el Metro, no me acordaba
que fuese un miércoles cuando sucedió todo aquello
hermano, Sí mijo fue miércoles cuando enterraron a
Simona, medio pueblo asistió al cementerio viejo pues la
otra mitad estaba en el velorio del médico... en esos buses
de Caricuao ¡uno ve unas vainas!... ¡esto es un saqueo!,
El cura de broma no le suministra los santos óleos de lejito
a la Simona mijo, con inyectadora; y dicen después que ique
los curas no son supersticiosos... ¿los manuales de tu papá?...
¿Qué vas a hacer con esas cosas tan viejas mijo? La
niebla de la tarde empieza a caer y un halo de nostalgia me revolotea
molesta entre los ojos, me hacen recordar al pueblo donde nací,
las sombras se extienden perezosas sobre el horizonte, ¿desde
cuando no voy? Hace rato voy regresando madre, regresandito no más,
¿me extrañaste madre mía?
“Caracas”...
(*)Estudiante de Tecnología Electrónica
Universalia
nº 24 Ene-Abr 2006
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